La necesidad de un espacio afectivo en la pedagogía de la creatividad

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Observo continuamente cómo el inicio de un proceso creativo evoca en el estudiante un sentimiento de inseguridad, lo cual no debería ser algo negativo, ya que el inicio de cualquier proyecto que emerge en el blanco de un papel, tiene como origen ciertas expectativas que podrían verse frustradas.

El “no saber” qué va a suceder, nos obliga a perder el control como premisa necesaria para encaminarnos hacia algo. El placer de lo desconocido, se encuentra necesariamente en la mera satisfacción de crear, que podemos evocar cuando reconocemos en nuestra expresión artística, algo genuino, una representación de nuestra identidad.

En el espacio de aprendizaje, la persona que facilita el proceso debe entender a través de las palabras del estudiante, así como de la observación de sus tiempos en el proceso de dibujo, el tipo de trazo, la manera de enfrentarse emocionalmente al instante mismo de dibujar, incluso de reconocer dónde se encuentra su disfrute; con qué persona está tratando y cuáles son sus potenciales.

Identificar los puntos fuertes de cada estudiante es un proceso diario que me permite, como enseñante, reforzar su identidad utilizando sus virtudes como herramienta de impulso creativo. Cuando un dibujante principiante, siente que las propuestas creativas se amoldan a sus gustos, a sus habilidades, es capaz de superarse continuamente. La autoestima de un aprendiz está directamente relacionada con un trabajo  de apoyo positivo de su proceso, validando las obras como parte de una serie, y permitiendo que él mismo identifique el valor artístico de algunas piezas.

El trabajo artístico en Serie, permite al estudiante identificar sus puntos fuertes e ir integrándolos de manera natural a medida que avanza. Durante el trabajo seriado, se produce un tiempo particular de creación, donde algunas piezas tienen más valor dejándolas “a medio camino”, de alguna manera “sin terminar”. Este tiempo de escucha del estudiante sobre sus propias creaciones, es posible cuando la crítica del enseñante no interrumpe su intuición. Cuando me preguntan si ya lo veo terminado, algunas veces la respuesta es otra pregunta: “¿necesitas tu, experimentar algo más sobre esta pieza? Quizá es mejor comenzar otra nueva…Reiniciar el papel en banco.”

Cada persona es capaz de aprender desde un origen distinto, algunos alumnos prefieren que trace sobre su papel de manera que las neuronas espejo se activan y la inercia del mismo trazo les permite enganchar con la creación. Otros prefieren las premisas poéticas que les acerquen a un discurso más abstracto, también el silencio y la muestra de sus propias piezas anteriores, son motivo de un origen creativo. Identificar cuál es su manera de aprender y que disfruten con ello, se basa en la escucha y el respeto profundo a lo que ellos son, sin ubicarme como enseñante y artista poseedora de una verdad.

La afectividad y la confianza en los estudiantes, la delicadeza en la manera de acercarme a su papel, a sus herramientas, la música que propongo en el espacio para acompañar su momento creativo, incluso la luz que eligen para pintar, es el ambiente que les permite concentrarse en el presente para elaborar algo. Proteger este ambiente e identificar si es amable para ellos, es un condicionante de sus creaciones, hasta que ellos sientan la libertad de configurarlo sin necesidad de que yo intervenga.

 

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